El Valor del espacio como recurso educativo
El espacio infantil Flow del colegio Montserrat de Barcelona significa una ruptura con todo lo que estamos habituadas a ver. Desaparece la fragmentación, la distancia inquebrantable que los muros tradicionales imponían en virtud de la fluidez y la calma que inspiran los espacios sin fronteras y que trasladan al ámbito de comunidad lo que antes eran personas separadas y acotadas. Estoy hablando no sólo de los discentes sino, por supuesto, de los docentes. Y esto es importante.
Cela y Palau en 1997 señalaron que la democracia comienza en el aula lo que significa que espacio y el tiempo han de organizarse en función de las necesidades de los alumnos y no al revés.
Debemos, por tanto, tener muy en cuenta que el aula es un elemento más de la actividad docente que pide que sea re-pensado, re-estructurado y organizado adecuadamente para adaptarnos a las nuevas exigencias metodológicas, tecnológicas y, sobre todo, de la diversidad del alumnado en cualquiera de sus aspectos: intelectuales, afectivos, relacionales, motóricos...
El espacio y su distribución no es algo superfluo o meramente decorativo sino que es, sobre todo, una manera de facilitar la consecución de los objetivos a los alumnos y adaptar la metodología que en cada momento estamos llevando a cabo.
En este sentido considero como terceras maestras a estas dos dimensiones del proceso enseñanza-aprendizaje: el espacio y el ambiente.
El espacio actúa como condicionante de las relaciones entre los niños y niñas pues el aprendizaje del alumnado transcurre en un espacio determinado que, por sus características positivas o negativas, repercute en la adquisición y progreso de sus conocimientos y competencias, con distintos niveles de posibilidades y limitaciones para su desarrollo.
La otra dimensión la integra el ambiente que será el contexto donde se cultive la enseñanza, con sus aprendizajes y significados por lo que su organización influirá en el logro de determinados aprendizajes.
De esta manera, el ambiente educativo debería entenderse como un verdadero laboratorio de experiencias y no como un lugar de actividades rutinarias que no motivan la participación activa de las niñas de los niños.
La formación, conciencia, acción y creatividad del maestro o maestra serán imprescindibles para sacar el máximo rendimiento educativo a los espacios dados así como para generar el ambiente propicio para que sus alumnos construyan su propio aprendizaje y que el hecho de hacerlo sea un acontecimiento que les llene de gozo, curiosidad y disfrute. Si para ello hay que desdibujar tendencias, tirar tabiques o transformar mentalidades entonces, además de formación, conciencia, de creatividad y valentía, el docente habrá de vestirse con el mismo traje de valentía que llevaron aquéllos que creyeron en todas esas formas de progreso que han hecho de nuestro presente un lugar mejor.
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